....DE LOS VASCOS
I LOS VASCOS... ¿DE DONDE?
1. Los Primeros Vascos
Los ancestros de los vascos actuales habrían ocupado el mismo territorio de hoy desde hace un número no inferior a 15.000 años, y quizá muy superior, es decir, durante casi todo el paleolítico, como lo testimonian diversas cuevas con sus pinturas paleolíticas ( Isturitz, Santimamiñe, Ekain) los yacimientos prehistóricos como el de la Caverna de Urtiaga, con datos osteológicos del magdaleniense final ( unos 10.000 -8.000 años a. C.). y los restos òseos descubiertos en los dólmenes neolíticos de Aralar, Aizgorri y Urbasa que confirman el poblamiento hace unos 6.000 años antes de nuestra era en Euskalerria.
Hoy el pueblo vasco, Euskalerria (tierra de los vascos), comprende cuatro provincias bajo jurisdicción española y tres de jurisdicción francesas, con una población cercana a los tres millones de habitantes y una extensión territorial de poco más de 20.000 kilómetros cuadrados. El hecho de estar escindido y sin unidad política un pueblo tan peculiar, secularmente fiero en la defensa de sus libertades, explica la existencia de un nacionalismo apasionado y enérgico, cada día creciente."
Hay que decir que es un nacionalismo de intención cultural, que busca desarrollar las formas de vida que le son peculiares, defender sus derechos seculares y sus tradiciones, cultivar y perfeccionar su cultura propia; un nacionalismo, en suma, del derecho y de la libertad"
La historia del pueblo vasco se puede dividir en seis largas épocas :
1 Estado primitivo hasta la llegada de los romanos. 2 Con los romanos. 3 El Ducado de Vasconia. 4 El reino de Navarra. 5 Régimen foral de la alta Edad Media y la Modernidad. 6 Edad Contemporànea.
En el Estado primitivo hasta la llegada de los romanos se carece de documentación escrita, la primera mención sobre las costumbres de los pueblos del norte de la península se deben al geógrafo Estrabón
La asombrosa sobrevivencia de este pueblo --cuya antigüedad no se asemeja a la de ningún otro conocido-- hace que algunos paleontólogos, hasta hayan pensado, sin ninguna prueba científica, que sus miembros fuesen los últimos descendientes de la legendaria Atlántida. Esta y otras leyendas se basan justamente en el desconocimiento que existía sobre la antigua historia de este pueblo. Mediante la arqueología se ha avanzado en dicho conocimiento, en trabajos efectuados en los últimos años. Las bandas, constituyendo tribus, se desplazaron por todo el territorio, transformándose sus integrantes en cazadores tempranos, en rústicos pescadores y en recolectores de frutos, para poder alimentarse, pues se encontraban en la etapa cultural del paleolítico superior.
La llegada de nuevas oleadas con el transcurrir de los siglos, hizo que estos grupos étnicos se transmutaran de nómadas en sedentarios y trabajasen la tierra. Más tarde --pasado milenios-- se convirtieron en pastores, en viñateros, en agricultores, en pescadores más sutiles.
En cuanto al origen del pueblo vasco, de dónde llegó y el por qué está ahí, es difícil responder con certeza. Hay muchas teorías al respecto. Una teoría era que proceden del otro lado de los Montes Cáucasos. Por lo tanto, serían asiáticos sus abuelos y ellos mismos, caucasianos. También, otro punto en el que casi todos los científicos están de acuerdo, es que se trata de los únicos descendientes vivos del Hombre de Cro-Magnon, que allí vivió más o menos en la misma época; el vasco es un pueblo de origen misterioso, cuyas raíces se pierden en la noche de los tiempos. Todo induce a pensar que se trata de los ocupantes más antiguos, no solo de la región española y francesa, sino también de toda Europa como continente.
Según el ESPASA, entre el Ebro y los Pirineos se estableció un grupo humano que llegó ahí en la Edad Glacial, el que posteriormente fue llamado "vasco". Coincide esta apreciación con la del historiador romano Tito Livio, que en el año 76 A.C. aseguraba que los vascones llegaron navegando desde el Mediterráneo por el río Ebro, río que es navegable por 480 kilómetros, pasando en esta condición por la actual ciudad de Logroño. Estos vascos se quedaron primero en esta última localidad, en la actual Castilla la Vieja, pasando después, en nuevas y sucesivas oleadas, a ocupar Alava, Guipúzcoa, Vizcaya, Navarra y, cruzando luego los Pirineos, las regiones vascas que están en tierras francesas hoy en día. Es muy probable que la Vasconia se enclavase antiguamente en límites un poco más amplios que los actuales.
Los vascos de la primera época, prácticamente aislados en un entorno geográfico abrupto y muy poco accesible, crearon un rico bagaje de mitos y leyendas. Mitología, arte, superstición y creencias religiosas son conceptos que están en continua mutación. Por todas partes, en el hombre primitivo, con sus ritos mágicos, la naturaleza tuvo siempre significados divinos.
Para alimentarse los cazadores vascos cercaban a los animales de gran tamaño, los capturaban mediante lazos y trampas, los herían con flechas y dardos propulsados por azagayas y los aniquilaban con lanzas y hachas de piedra.
Los vocablos "vasco" y "Vasconia" con que se les conoce actualmente, son de procedencia latina, impuestos a la gente del lugar. Al igual que los vocablos Arauco y araucano, que fueron inventados por Alonzo de Ercilla y Zuñiga, otro vasco, en su poema épico La Araucana para designar en Chile a los mapuches y su tierra, que era el nombre que ellos se daban.
Los vascos se llaman a sí mismos "euskaros" y el país se denomina "Euskadi". Así lo propuso Sabino Arana Goiri a fines del siglo pasado, basado en una denominación muy antigua. Al otro lado de los Pirineos los escritores franceses entre los siglos VII y XI, escribieron Wasconia y Wascones, pero como la "w" sonaba "u" gutural, se cambio por la "g", quedando así Gasconia y gascones, que son los vocablos con que se denomina a los de la región vasca del sur de Francia. En la parte española se hablaba antiguamente de "vascuense", pero después del siglo XV, o acaso un poco antes, se les llamó "vizcaínos", como aparece constantemente en el Quijote. En este libro se preferirá la denominación de "vascos".
Según Tito Livio "el territorio de los vascones empezaba en el sur, cerca de Calahorra", actual provincia de Logroño". Al analizar la idea de "región riojana" y de "provincia de Logroño", hay que tener en cuenta que se sobreponen las dos, pues la provincia fue creada en 1822. La frontera natural era el río Ebro. Sus habitantes tienen fisonomía y características propias de los vascos, que allí llegaron en los tiempos iniciales.
A la derecha de la cuenca del Ebro está la Rioja, lugar de los mejores vinos de España, lo que ya es mucho decir, quedando a su lado izquierdo, la Rioja Alavesa que produce los buenos vinos de la Euskadi actual, las provincias vascas de Alava y Guipúzcoa. Rincón de Soto y Puebla de la Barca están al lado de la ciudad de Logroño, ciudad a la que, antes de desembocar en el Ebro cruza el río Iregua, que pasa por Torrecilla de Cameros, pueblo de una rama de la familia Ayarza.
La posibilidad de que los "vascones" hayan subido por el Ebro y desembarcado en Logroño, llevó a algunos nacionalistas vascos, como Fernando Sarraihl de Yhartza, autor de "Vasconia" y de "La Cuestión Vasca", a reivindicar para los vascos algunas tierras, como el Alto Aragón, el norte de Castilla la Vieja, donde está Logroño, hasta las proximidades de Burgos. Esto no fue aceptado por los patriotas vascos que, en 1893, habían creado el Partido Nacionalista Vasco (PNV) por la acción incansable de Sabino Arana Goiri.
Logroño está al sur de Oñati, como a 80 kilómetros en línea recta; así como también a otros 80 kilómetros de Oñati, pero hacia el noroeste, está Gernika, capital "sentimental" de los vascos -es su ciudad sagrada- que fuera bombardeada y destruida por la aviación de Hitler en 1937. Más tarde la inmortalizó Picaso en su famoso cuadro.
Es interesante hacer notar que los primitivos reyes asturianos, como el valiente Don Pelayo de legendaria figura, y Don Alfonso el Católico, nacieron en la provincia de Logroño, según dice Don Ramón Menéndez Pidal, en su libro "Orígenes del Español". Tanto uno como otro salieron de Logroño, que era su tierra, para refugiarse en Asturias
Los primitivos "vascones" que se instalaron en esta región, pertenecían a una de sus tribus, los "berones". Esto se ha hecho más evidente, por el espectacular hallazgo de fósiles en una caverna en la sierra de Atapuerca, cerca de Burgos hace algunos años atrás, hecho por los paleontólogos españoles Juan Luis Arzuaga, Ignacio Martínez, Ana Gracia, José Miguel Carretero y Euwald Carbonell; y por el descubrimiento de las cuevas de Aitzbitarte, en la provincia de Guipúzcoa, además de otras pruebas aparecidas en el intertanto.
Los actuales riojanos tienen, a no dudarlo, características vascas evidentes. Por el índice del cráneo, los logroñeses se parecen más a los vasco-navarros que a los castellanos, y su carácter es más similar al de los que nacen en la provincia de Guipúzcoa, que a los del resto de Castilla. En consecuencia, parecería no haber duda que Tito Livio tenía razón al decir que los primitivos "vascones" habitaron la Rioja (provincia de Logroño), para replegarse posteriormente, repasando el Ebro.
Todo esto me lleva a creer, seriamente, que la propuesta de Sarraihl de Yhartza, fracasada hace más de 100 años, debería ser reconsiderada, llamando vascos a los oriundos de la región de Logroño y la de Burgos, y en general a todos los del norte de Castilla la Vieja, tal como se les llama a los que nacen en Navarra, con toda razón.
Posteriormente llegaron a la península ibérica los vándalos, los suevos, los alanos, los normandos, los cartagineses, los griegos, los fenicios, los bizantinos, los ligures, los germanos, los francos, los godos, y también los judíos y los gitanos...
Incluso Aníbal, el célebre general cartaginés, pasó por Euskalerria, pactó con ellos, no llegó hasta los vascos como invasor. En su trayectoria milenar, pasó al lado de ellos, saltando los Pirineos con sus elefantes de guerra, para después cruzar los Alpes y caer sobre Roma.
En el siglo III A.C. los romanos invaden Hispania y la dominan material y culturalmente, lo que hace que la península quede reducida a la condición de provincia romana, con la excepción --parece-- de la región vasca: hacia el 187 A.C. Vasconia entró en pacto o alianza de amistad con Roma. Por entonces Tiberio Sempronio, había dictado leyes que permitían acuerdos por separado entre Roma y los diversos pueblos de Europa.
"Quizá Roma libró a los euskaldunas de amenazas y ocupaciones cántabras, autrigonas, beronas y jacetanas", según escribe Estornes Lasa(7), y Castor Narvarte comenta las curiosas ironías de la historia, que el pueblo destructor de tantos pueblos y libertades haya podido favorecer la existencia y la identidad de los vascos.
¿En qué época los vascones se hicieron cristianos? Unos dicen que en el siglo Vlll, pero Don Carmelo de Echegaray, asegura que esto ocurrió en el siglo lll. Alguna luz sobre el asunto arroja el hecho de que por mandato del Papa Gregorio lV, los cristianos únicamente podían usar los nombres que figuran en los santorales. Este Papa reinó entre los años 827 y 844.
Lo que se sabe con seguridad es que los vascos se unieron, en el siglo Vlll, a los visigodos (que habían derrumbado la dominación romana en la península Ibérica en el año 456 y habían imperado en ella por dos siglos y medio, hasta el año 714) para luchar contra el Islam, en defensa de los cristianos, como en siglos posteriores se unieron a Castilla, con el mismo fin.
2.- El País Vasco y su Gente
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El País Vasco tiene apenas 20.725 km², lo que es muy poco en relación con todo el territorio español, que es de 504.000 km², o el francés que es parecido, pero algo mayor. Su parte española está constituida por cuatro provincias, que son: Vizcaya, cuya capital es Bilbao (la ciudad mayor en el conjunto, y la quinta de España, en cuanto a población. El metro está en construcción); Guipúzcoa, cuya capital y también balneario elegante y puerto sobre el Atlántico, es San Sebastián; Alava, capital Vitoria -Gazteis, que es donde actualmente funciona el gobierno vasco, presidencia y parlamento. Navarra (lejos la mayor en territorio), cuya capital es Pamplona. Estas son las cuatro provincias vascas españolas, a las que habría que agregar las tres pequeñas provincias del lado francés, al otro costado de los Montes Pirineos: Labourdi, Baja Navarra y Suberoa. En la primera de ellas se encuentra el famoso balneario de Biarritz.
Los Pirineos dividen, o constituyen la frontera entre Francia y España, dividiendo también al País Vasco en dos partes, la española --que es la mayor-- y la francesa. Los vascos están en el extremo atlántico de los Pirineos y no en el del Mediterráneo, donde están Cataluña y Andorra.
La población vasca total (parte francesa y parte española) era en 1991 de unos 2.500.000 de habitantes, a los que habría que agregar unos 2.500.000 (oriundos, hijos y nietos), más de vascos que están viviendo en Iberoamérica, especialmente en Uruguay, Chile y Argentina. En Brasil hay muy pocos, casi nada, a diferencia del resto de la región en que hay muchos.
Ellos no son españoles ni franceses desde un punto de vista étnico, lingüístico, de hábitos y de costumbres; solamente lo son en un sentido político, como una nación (natio : nacer de la misma camada),perteneciente a un Estado comun. Constituyen un auténtico enclave en territorio español y francés.
Los vascos franceses son bastante diferentes a los franceses de cualquier otra región de Francia, pero se parecen mucho --comenzando por el idioma y por su tipo físico-- con los vascos españoles. Son muy solidarios con ellos, porque estén tan cerca, pasando los Pirineos, sino porque hay una fuerte y múltiple identidad con todos ellos, mucho mayor que la que puedan tener con los franceses de París, de Normandía o de Lyon, los cuales, cuando aparecen en la región vasca del sur de Francia, se sienten extraños ante una lengua incomprensible, de nombres desconcertantes de ciudades, como Itxason, Ahetze, Hasparren, Azpilda, Ustaritz, Ataratze, Angastue, Gazteluberri, Eretzu, Ezterenzubi, Izura, Ahazparne, Nabarzi. Y una cosa semejante les ocurre a los españoles procedentes de Andalucía, Castilla, Canarias, Galicia, Cataluña, cuando visitan las Vascongadas españolas.
Los vascos son el pueblo más homogéneo del Viejo Continente, en cuyos países viven , cada vez más, individuos de distintas razas. La cantidad de polacos o de portugueses que hay en Francia es enorme. También en Londres hay barrios enteros de inmigrantes de países que pertenecieron al antiguo Imperio. Lo mismo en Amsterdan y en otras partes de Europa. En Euzkadi no existe esa situación, siendo dificil encontrar un alemán, un belga, un inglés o un italiano. Pero sí despuès de la guerra civil y debido al gran auge industrial de la zona y el interès de los franquistas de neutralizar el espíruto libertario de los vascos hubo una gran emigración del resto de la península hacia las vascongadas. Pero lo curioso es que los hijos de dichos emigrantes se sienten tan vascos como cualquiera. Basta ver los listados de los presos políticos. También podemos ver los resultados de las votaciones en los pueblos donde aún viven los primeros emigrantes de ésa época (los años 60) como son los de la margen izquierda en Bilbo y en Gipuzkoa, Rentería, y vemos la cantidad de votación al P.S.O.E.
Del mismo modo su lengua, a la que se hizo referencia anteriormente, los diferencia absolutamente, no sólo de los habitantes de la península, sino de todos los del resto de Europa. Es prerománica, pre-indoeuropea, e inclusive quizás pre-aria. Ahí se pierde el hilo. Se supone que pudiese ser de la época de los cromagnons... Es un misterio su origen.
El término "vasco" denota una unidad étnica y cultural más que política, ya que el País no existe en forma independiente, pues está dividido entre España y Francia, extendiéndose, en aquella connotación a Iberoamérica. En este sentido los vascos se parecen un poco a los judíos, los de la raza hebrea, que están dispersos por todo el mundo y relacionados con todas las otras razas. Es interesante anotar que entre los vascos, en comparación con otros conglomerados étnicos, existe una muy pequeña proporción de individuos con sangre del grupo B y una alta proporción con sangre del grupo O y Rh negativo, en violento contraste, en general, con los restantes españoles, franceses y europeos.
Esto fue verificado por el examen de muestras de sangre de vascos, tomadas en las regiones vascas de Francia y de España, así como también de vascos que habían emigrado años antes a Chile y Argentina. Estas muestras fueron analizadas en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas, en Toulouse y Burdeos.
La sangre de algunas personas contiene dos aglutinógenos, tipos A y B; la de otras sólo uno e inclusive la de otras ninguno (grupo O). La sangre puede también contener una substancia llamada "rhesus". Las raras personas cuya sangre no la contiene pertenecen al grupo "rhesus negativo". Estas características permiten distinguir grupos étnicos por diferencia en los tipos sanguíneos. Las pruebas mostraron la originalidad de la sangre vasca. De todos los pueblos de Europa, el grupo sanguíneo B es el más raro en los vascos: 0 a 3% en los vascos de Francia, en comparación con 11,8% en 1.300 parisienses testados; 3,6% en los vascos de España, en comparación con 6,2% en el resto de la población española. El grupo 0 es el más frecuente: aproximadamente 60% en los vascos de Francia, contra 44% en el resto de la población francesa.
Parece también que, de todos los pueblos del mundo, los vascos tienen la más alta proporción de sangre "rhesus negativa", aproximadamente 30% contra 17% en el resto de la población francesa y 28,2% contra 19,6% en el resto de la población española.
Este pequeño grupo étnico ha aportado muchos valores a la humanidad. Además de Don Miguel de Unamuno, Pío Baroja y Ramiro de Maeztu, citados anteriormente, se puede mencionar a San Ignacio de Loyola; Simón Bolívar; San Francisco Xavier; Zuloaga; Churruca Elorza; José de Anchieta; Juan Sebastián Elcano, quien fué el primero en dar la vuelta a la tierra, ya que a Hernando de Magallanes, que dirigía la expedición, se lo comieron los nativos en la isla de Cebú, Filipinas. Y muchos otros más, como Samaniego, Tomás de Iriarte; Dolores Ibarruri (la Pasionaria); Juana de Ibarburú; Sebastián Iradier; Hipólito Irigoyen; José Iturbe; Agustín de Iturbide y Aramburo (primer Emperador de México); Legaspi (fundador de las Filipinas y de Manilla); ... Para que seguir
Al vasco se le ha imputado, tradicionalmente, aunque en forma muy equivocada, un carácter retraído y una naturaleza parca en palabras. Tal vez venga este error del instrumento musical que ellos tocan, el "txistu", que es el instrumento musical vasco por excelencia. Se trata de de un sencillo aparato de viento, parecido en su aspecto a una flauta en lo físico, y a una quena, pero con el sonido más agudo, en el sonido que da.
Es común distinguirlos, en sus bailes por la boina --la típica "boina vasca-- por los pantalones y camisa blancos, y por las alpargatas. También por el txistu y tamboril con que acompañan sus danzas típicas.
Los vascos son famosos por su fuerza. Algo curioso son los deportes vascos, son todos trabajos sublimados a deporte, como los aizkolaris (leñadores), los harrijasotzaile (levantadores de piedras) en sus dos especialidades livianas y pesadas (hasta 325 kgr.), el arrastre con bueyes, el remo en las traineras, con que antiguamente salían a cazar ballenas en la costa etc. La única excepción a esta regla del trabajo es la Pelota Vasca.
La nariz es muy notoria en ellos. Es grande, aunque también blasonen de ello los castellanos viejos. Se dice que la mayoría tiene la cabeza semejante a la de una liebre, o sea, bastante ancha la frente y la parte superior, y angosta la mandíbula. Por esto su cara generalmente es triangular, semejándose un poco con los judíos convencionales.
Proverbial es su mala dentadura; los andaluces y meridionales en general ganan lejos a los vascos en tener buena dentadura. En cuanto a su piel, los morenos predominan menos que en el resto de España, habiendo en las Vascongadas muchos rubios, acaso tantos como morenos. Abundan también los ojos verdes entre ellos.
Los vascos tienen gran agilidad y un rápido y certero golpe de vista, lo que se manifiesta en los ejercicios físicos que practican y en los juegos, a que son muy aficionados. Conocida es su maestría en el juego de pelota, o "frontón", como se le llama también. Frontón es el nombre del muro que enfrentan los jugadores, sobre el cual rebota la pelota. No hay pueblo o villa en el País Vasco que no tenga uno.
En lo personal son muy obstinados: cuando uno ha tomado una determinación sobre algo, de nada valdrán argumentaciones, discursos o amenazas, para hacerlo desistir o cambiar de rumbo. Es lo que en lenguaje más vulgar se denomina "cabeza dura".
Moralmente son ante todo leales, rectos y honestos. Es frecuente oírlos decir: "para mí, las cosas claras". La palabra del vasco vale oro, su palabra vale mucho, no vuelve nunca atrás. En Argentina se usa la expresión: ¡Palabra de vasco!, que significa simplemente que es una palabra que no va a desconocer. Son muy religiosos y llanos. Se casan tarde. La endogamia ha sido una costumbre general y tradicional en el pueblo vasco.
Tan fuerte como su sentimiento religioso (ateo o místico) es su sentimiento racial. Pueden aceptar que su nacionalidad sea la española o la francesa, pero solo por circunstancias, estando siempre prontos para separarse. Si se les pregunta si son españoles o franceses, responden invariablemente: ¡somos vascos!
La comida es parte importante en la cultura de un pueblo y ésta toma algunas caraterícticas singulares en algunas instituciones en Euskadi. Dichas instituciones son: Los Batsokis...
Son lugares del Partido Nacionalista Vasco, cuyos miembros son socios de dicho grupo y normalmente cada semana le toca cocinar a una familia diferente (ellos mismos cocinan, atienden y limpian) y cada cual hace la mejor especialidad de su casa. Las utilidades son para fondos del partido.
Txoko... Son lugares que pertenecen a un grupo de amigos, en el sitio siempre hay las cosa elementales para cocinar y beber. Se cocinan entre ellos mismos, no existe la servidumbre, y por lo tanto al terminar deben ordenar, anotar lo que consumieron y el importe de lo consumido dejarlo en una caja.
Sociedades gastronómicas... También son sociedades privadas, pero un poco más exquisitas en las preparaciones. Se suelen especializar en algo determinado, como la del Salmón, la de la Morcilla, Las Alubias, etc. En este grupo como el anterior, suelen excluir a las mujeres, para evitarse líos. Pero ya en algunas las dejan entrar una vez al año. Las sidrerías... Caseríos adaptados para atención a público. Se especializan en una cosa, por ejemplo el bacalao o las chuletas y nada más. De postre nueces y queso de oveja y toda la sidra que uno pueda beber.
En la cocina vasca son abundantes los siguientes productos: Pimientos rojos y verdes, ajos, puerros, pescado y marisco en los pueblos de la costa, en el interior el cerdo y sus derivados como el chorizo. Las alubias de Tolosa, los pimientos de piquío y los espárragos de Navarra. Gracias al nuevo mundo de las comunicaciones, tenemos en las televisiones de América a cocineros vascos, dándonos recetas de su cocina.
El vasco tiene una incuestionable vocación campesina y marinera. Desde la antigüedad fue un pueblo agricultor, pastor, pescador y navegante. Fue también un pueblo viñatero. En Guipúzcoa y Alava no lo hacen mal, junto a la Rioja Alavesa, que produce excelentes mostos, tan apreciadas como los de la Rioja de Logroño. cuyos vinos son los mejores de la península, al decir de los más La agricultura no incide determinantemente en la economía del País Vasco, sólo contribuye con un 2%, en tanto que en otras regiones y países esta contribución es mucho mayor. Servicios contribuye con un 53%, y la industria con un 45% (año 1994).
El "caserío" vasco --casas y tierras familiares-- es fundamentalmente un conjunto agrícola constituido por pequeñas o medianas propiedades.
La "casa vasca" o caserío es característica del País, como lo son su cocina, sus juegos y su boina. Siempre blanca; con sus tejados de ángulos acentuados y tejas. Con sus tres, cuatro o cinco pisos; siendo siempre el primero de piedra; especialmente en la parte rural, parece que viviera mucha gente ahí. Los caseríos vascos están aislados entre sí.
Una de las cosas que más sorprende en las Vascongadas es la poca importancia que se da al individuo en relación a la mucha que se da a la familia y a la "casa", reflejada en los apellidos, que normalmente indican la ubicación del caserío familiar (toponímicos) como Echeverría (casa nueva), Undurraga (campo de yezgo), Errazuriz ( lugar de retamas), Ibañez ( de la rivera), Zaldivar (rivera de caballos) Echazarreta (casas viejas), Echenique (casa chica), Arrate (paso pedregoso) y así sucesivamente.
¿Y por qué se mantuvieron tan incólumes estas tradiciones entre los vascos, soportando el paso de los siglos?
Dice Don Enrique Gandia en "Del Origen de los Nombres y Apellidos", que es fama que en las Provincias Vascongadas no penetraron ni romanos, ni normandos, ni moros, ni judíos. En el caso de los tres primeros, los vascos no estaban en la pasada de los invasores, evidentemente, y en el último, parece ser que tradiciones tan arraigadas y estilos de vida tan diferentes, hicieron que entre todos los países católicos de Europa, fuera el País Vasco aquel en donde los judíos tuvieron menos influencia. Otro cronista dice que, efectivamente, la parte cultural, la parte lingüística y las costumbres y hábitos, se mantuvieron intactos hasta ahora, a pesar de las invasiones de godos, cartagineses, romanos y árabes, no así la parte política (la nacionalidad), que está sometida desde siglos a otros pueblos, como el de España y Francia actualmente. Encerrados en pequeños valles, estando fuera de la pasada de las invasiones, cercanos de altas montañas, los vascos se han mantenido "incontaminados" -si así pudiéramos decir- hasta nuestros días.
Es posible que éstas sean las razones, especialmente si pensamos en la similitud con el caso de la Suiza actual, que, por estar tan alta en medio de sus montañas y tan fuera de mano, se ha librado de ser invadida en todas las guerras modernas.
II.- APELLIDOS, SOLARES Y BLASONES
1.- Los apellidos y su origen
En tiempos del Imperio Romano no había apellidos, no al menos en la forma como los conocemos ahora. Los habitantes de la península ibérica, antes y durante la primitiva ocupación romana, aproximadamente en el primer tiempo, usaron solamente el nombre propio, que desaparecía con la muerte de quien lo llevaba, sin pasar a sus descendientes. Un poco después -pero siempre durante la dominación romana, como se puede ver en numerosas estatuas, lápidas y medallas- ya se empiezan a usar, dos o tres nombres: el "prognomen" (nombre propio o de pila, como diríamos ahora); el "nomen" (nombre del linaje, o de familia, o de origen, el apellido, propiamente tal) y el "cognomen" (nombre añadido al del linaje, por algo que caracterizaba al individuo). En el idioma portugués, como se habla y escribe en el Brasil actual, en gran parte de los casos, esto es casi igual a lo que había en aquella época: existe el "prenome", el "nome" y el "cognome", que viene a ser una especie de sobrenombre, como Pelé, Maguila. Lula, Jango, Tiradentes, Bebeto, nombres que poco a poco van siendo más importantes que el verdadero, y terminan substituyendo a éste.
Con la caída del Imperio Romano en la península ibérica, hacia el año 456 D.C., se pierde esta costumbre y durante la dominación visigoda, vuelven los hispanos a conocerse únicamente por un nombre. Ni entre los pueblos que sojuzgaron la actual España y el Portugal actual, antes de los romanos; ni entre los que ocuparon después, por lo menos hasta los árabes, se usaron los apellidos. Todos los pueblos antiguos no tenían nombres de familia, porque no precisaban de ellos. Esto fue lo que ocurrió con los visigodos, reiniciándose su empleo con los árabes, que volvieron a usarlos. Hasta el siglo XI no se practicó su ejercicio con regularidad en ningún país de Europa. La estructuración de los apellidos fue muy lenta y similar en todos los países europeos.
Posteriormente, y a continuación del nombre de cada cual, empezaron a usarse el segundo y tercer apellidos, estos últimos tomados de los lugares en que habían vencido a sus enemigos o de las tierras de las cuales eran señores, o de cualquier otro acontecimiento importante. Importante para los nobles, porque ellos eran los que elegían sus apellidos. Los plebeyos, que venían atrás, los imitaban. Fue así porque era insuficiente un único nombre. De aquí nace el nombre de familia, el apellido, cuya principal característica es el ser hereditario. En parte, fue una resurrección de lo que había ya existido antes, en tiempos de los romanos, en la península ibérica. Con el pasar de los siglos fueron apareciendo los apellidos en las diversas naciones de Europa, aunque no fue en la Alta Edad Media en que surgieron los apellidos propiamente tales; fue en la segunda Edad Media cuando éstos comienzan a existir.
En España se establecen tres clases de apellidos:
-Los personales (Blanco, Rubio, San Martín);
-Los patronímicos, o derivados del nombre del padre, que son la mayoría (González, Alvarez, Martínez, Rodríguez, López);
-Los toponímicos o solariegos, como son gran parte de los apellidos vascos (Ibarruri, Echaverría, Churruca, Balmaceda, Errázuriz, Izarnótegui).
Los personales tienen relación con cualidades, como Bueno, Galán, Bravo, Leal, Valiente; la provincia, o la ciudad, de la cual eran originarios, como Navarro, Soriano, Cádiz, Madrid; las plantas, como Sarmiento, Castaño; alguna característica, como Cabezón (el niño nació con la cabeza muy grande), o como Cerda, o de la Cerda, porque el interesado nació con una en alguna parte del cuerpo; mencionando a algún animal, que alguna cosa tenía que ver con la persona, como León, Gallo, Aguila o Aguilar, Lobo, Toro; se decía de las ocupaciones, o profesiones, u oficios, como Labrador, Guerrero, Herrera, Serrador, Montero; también solían usar el nombre del santo a que más devoción tenían los padres del agraciado, como San Roque, San Martín.
Poco a poco, los apellidos proliferaron de tal manera, que se hicieron incontrolables.
Los nobles los tomaban de sus feudos, de los hechos de armas, de las comarcas que conquistaban; los plebeyos los tomaban, de sus profesiones u oficios, de sus cualidades o defectos, de las tierras que cultivaban por cuenta de otro; de los pueblos donde nacieron; del color de la cara, ojos, pelo; de las flores, plantas y frutos que cosechaban; de los instrumentos de trabajo y de los amoblados; de los cargos y empleos públicos que desempeñaban.
Los patronímicos, o de filiación, que son la gran mayoría de los casos, como el hijo de Fernando, Fernández; el de Rodrigo, Rodríguez; el de Domingo, Domínguez; el de Martín, Martínez; el de Lope, López. Nobles y plebeyos usaron como apellido el nombre de sus padres, abuelos y padrinos, modificándolos con la terminación "ez", lo que está tomado del vasco por el castellano y que significa " hijo de"; como "es", en portugués; "escu", en rumano; "ibn", en árabe; "ben", en hebraico; "sohn", en inglés; etcétera.
2.- Los Apellidos Vascos
Los vascos son prácticamente los únicos que llevan los apellidos toponímicos, en el mundo, ya que derivan su apellido de la denominación del solar (caserío) familiar Solar es la casa (casa "solariega") en la cual vive una familia, más el terreno donde fue construida, más la huerta con algunos árboles frutales, más una pequeña lonja de tierra para cultivar trigo u otros cereales, más unas pocas gallinas, y más una tradición que podía remontar a centurias. Ya en el siglo XII el solar no era un castillo -o lo que entendemos por castillo- o sea, una torre rodeada de fosos y coronada de almenas; si bien que allá por el siglo VIII estos solares tenían muchas de las características de una casona fortificada, bastante explicable, por lo demás. Los caseríos empezaron a aparecer en las montañas de Euskadi, cuando Don Pelayo inicia la Reconquista en el año 714, con el apoyo de un pequeño número de asturianos y vascos. En los caseríos los vascos se recogían después de cada batalla contra los árabes y ahí vivían y se escondían.
Los apellidos solariegos le hablan de todo al vasco, hasta en los más recónditos extremos de su progenie: el origen de sus mayores, la casa en que habitaron, las heredades que cultivaron, los árboles cuyas frutas saborearon y con cuya leña se calentaron, el molino que hizo el pan que comieron.
Los más antiguos solares, todavía existentes, están todos en el norte de España, en las montañas de Vizcaya, de Guipúzcoa, de Asturias, de Navarra, en los Montes Pirineos. En el sur y en el Levante, no hay solares como los que se ven en el norte.
Los apellidos vascos son, en general, largos debido a que tratan de describir, con la mayor exactitud posible, una situación toponímica o geográfica, agregando precisiones y datos que caracterizan el solar y el lugar donde éste se encuentra.
Si bien esto de su longitud es común en la mayoría de los casos, hay excepciones, algunas notables, como la de Casimiro Aín, posiblemente el mejor bailarín de tango de todos los tiempos, quien bailó nada menos que ante el Papa Benedicto XV y siete cardenales, en Roma, en audición privada, quienes luego de la cual declararon al tango una danza permitida por la Iglesia, que en esa época estaba a punto de anatematizarla por lasciva, indecente y por su origen prostibulario.
El "Vasco Aín", como lo llamaban en Buenos Aires, había salvado al tango. La situación actual es diferente, en que cada vez se cree menos y se hace menos por las cosas trascendentales, como Dios, la Patria, la batalla que se gana... En aquel entonces era posible mirar la cara del Papa para ver si a éste le gustaba o no el tango. Ahora, con la lambada, esto sería imposible, porque cada vez hay menos gente que está interesada en saber lo que piensa el Papa al respecto.
La "Agonía del Cristianismo" es el título de un libro que escribiera don Miguel de Unamuno hace ya muchos años cuyo título, estimo, se ajusta cada vez más a la realidad.
Otro caso parecido, en cuanto a longitud, es el de Don José Santos Ossa, el legendario descubridor de los riquísimos yacimientos salitreros de la actual provincia de Antofagasta, en el norte chileno. Su estirpe provenía de Motrico, villa que está a la vista de Oñate, de donde partiera su antepasado Don Pedro José de Ossa y Muguerza, para Chile, en 1720.
No es imposible, pero sí muy difícil encontrar un apellido vasco vinculado a la filiación. Casi todos ellos designan el solar donde siempre vivió la familia. Los toponímicos son, a gran distancia y casi exclusivamente, los apellidos más abundantes entre los vascos, al contrario de lo que se observa en todas las otras lenguas, no solamente europeas, sino también americanas, africanas, asiáticas y de la lejana Oceanía, en que los de filiación son los más comunes. Tal vez ningún otro idioma pueda igualar al vascuence en la cantidad de apellidos que definen un lugar geográfico o una localidad.
La gran mayoría de los que llevan los apellidos más comunes, casi siempre vinculados a la filiación, o patronímicos, no tiene n el menor parentesco entre sí. Donde había un "Fernando" -y los había por todas partes- ahí aparecía un "Fernández", el hijo de Fernando. Lo mismo ocurría con González (el hijo de Gonzalo); Hernández (hijo de Hernando, o de su apócope, Hernán); Ruiz (hijo de Rui); Rodríguez (hijo de Rodrigo); Yáñez, o Ibáñez (hijo de Jan, o Ian, que así se denominaba a los que llevaban el nombre de Juan, antiguamente); Pérez (hijo de Pero, o Pedro, o Perico); Jiménez, o Giménez (hijo de Jimeno, o Gimeno, o Ximeno, como se dice en México); Ramírez (hijo de Ramiro); Alvarez (hijo de Alvaro); Enríquez (hijo de Enrique, o Enrico); Martínez (hijo de Martín); López (hijo de Lope).
También están ahí los derivados de nombres que han caído en desuso, es decir, cuyo origen -el nombre del padre- no se usa más, pero subsiste perfectamente el apellido, como Vásquez (hijo de Vasco); Bermúdez (hijo de Bermudo); Gutiérrez (hijo de Gutierre); Núñez (hijo de Nuno); Iñíguez (hijo de Iñigo); Muñoz (hijo de Munio); Gómez (hijo de Gomesano); Díaz, o Diez (provienen de ser el hijo de Día, o Diago, o Diego); García, o Garcés (vienen de García, que tomó el apellido tal cual de su padre); Pèláez, o Páez (que vienen de Pelayo); Ordóñez (hijo de Ordoño). También han caído en desuso algunos nombres sin que necesariamente los siguiese un apellido, tales como Ochanda, Ursula, Casto, Gaudiosa, Migueliza (femenino de Miguel), Landerra, Hermenosenda, Sancha, Berenguer, Urraca, Egida, Ermenesinda, Mencia, Sondereco, Vitiza, Sisberto, Sisenando, Recesvinto, Ervigio. Son apellidos asturianos: Díaz, Vega, Muñoz, Valdés, Núñez.
Es común encontrar nombres que se usan familiarmente, derivados del cambio sufrido por haberse vuelto palatales, tales como Concepción en Concha; Rosario en Charo; Isabel en Chabela; Consuelo en Chela, también Graciela en Chela; José en Che; Josefa en Chepa; Vicente en Chente; Soledad en Chola; Juana en Chana; Jesús en Chucho, o en Chicho; Asunción en Concha. Si se observa bien, todos ellos contienen la "ch", como si fueran niños pequeños tratando de hacerse entender por una hermana, o hermano mayores. Para los chicos es más fácil la "ch".
Los nombres dobles comienzan a principios del siglo XVIII, y no se generalizan sino hasta fines del mismo siglo, con Juan Antonio, Luis Antonio, José Manuel, Juan Carlos, José María, María José, María Eugenia, María Cristina, Juan Bautista, Luis Francisco, Martín Francisco, Manuel Antonio, Antonio Carlos, Luis Ignacio.
Existían, y existen, nombres hebreos entre los vascos, pero esto no quiere decir, absolutamente, que hubiera judíos entre ellos.tan solo que la Iglesia Católica exigía nombres bíblicos para bautizar a la gente. Recordemos, simplemente, que Jesús, María, José y once de los doce apóstoles eran judíos y que el cristianismo nació en Galilea. Los nombres hebreos que más usan los vascos son: Lázaro, Josafat, Daniel, Isabel, Gabriel, Tobías, Zacarías, Joaquín, Jesús, José, María, Jeremías, Matías, Mateo, Jonatán, Ruth, Zebedeo, Samuel, Miguel, Elías, Josué, Bernabé, Isaías, Jacobo, David, Juan, Abdón, Abraham, Salomón, Simón, Ester, Marta, Simeón, Ana, Magdalena, Noemí, Sara, Susana, etc., que son los mismos que se usan en todos los idiomas europeos, si bien su uso había disminuido bastante, últimamente se vuelve a utilizar los antiguos nombres vascos.
Con los apellidos vascos no puede ocurrir lo que se dijo anteriormente pasa con los patronímicos. Por estar prácticamente todos vinculados a la geografía -a una determinada localidad- su origen es único: el lugar donde estaba el solar de la familia. Así, por ejemplo, todos los Larrañaga que existen, sea que hayan nacido en España, en Argentina, en Chile, o en cualquier otro lugar, forzosamente tienen su origen en Guipúzcoa, porque allí estaba -y está- su solar familiar; jamás lo podrían tener en Andalucía, en Mendoza, en Extremadura o en Castilla, y todos ellos (los Larrañaga) fatalmente tienen que estar emparentados entre sí, en mayor o menor grado, a mayor o menor distancia.
Es curioso considerar algunas características de apellidos vascos, muchos de los cuales están cargados a ciertas letras en euskera, como la A, I, U, Z, E, G, y R, no asi en cuanto a otras, como la S, T, C, D, F, H. En otras lenguas como el castellano ocurre algo semejante, abundando las le tras M, N, A, C y P, casi no habiendo palabras con las letras Q, X, K, Y, o en el idioma árabe, en el que abunda la letra A.
Para muestra de lo que se refiere a la lengua que se habla actualmente en el País Vasco, hemos escogido algunos apellidos que empiezan por la letra I, que abundan entre los vascos, en los que se puede ver claramente que ninguno tiene su origen en la filiación, y que todos son toponímicos.
A diferencia de lo que abunda en otros lugares (Rodríguez, González, Martínez, Hernández, Pérez, Fernández, todos de filiación), no hay ninguno en las Provincias Vascongadas, y esto no es cosa de etimología. Basta ver. En los microfilmes de apellidos de siglos pasados, que posee la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días a lo que nos referiremos más adelante, no ha sido difícil encontrar un gran número de ellos, junto a los cuales se anotan algunos antecedentes sobre su origen o de algunos que los han llevado.
Ellos son: Ibacache (Juan Ibacache, de Illapel, Chile); Ibaceta (de Zarauz, Guipúzcoa); Ibaeta (de Irún, puesto fronterizo en los Pirineos, Guipúzcoa); Ibarburú (Juana de Ibarburú, poetiza uruguaya, origen en Oyarzún, Guipúzcoa); Ibargoiti; Ibarguren (Carlos Ibarguren comentarista de tango); Ibarlucea; Ibarranguelúa; Ibarreta; Ibarrondo; Ibarruri (Dolores Ibarruri, "La Pasionaria"); Ibarra (José María Velasco Ibarra, Presidente del Ecuador, origen en Eibar y en Elgueta, de Viscaya. Los Velasco también son de Oñate, (Guipúzcoa); Ibieta (José Ignacio Ibieta, batalla de Rancagua); Ibinaga; Icaza (Jorge Icaza, escritor ecuatoriano y Pedro de Icaza y Aguirre, de Vizcaya); Icazbalceta; Icazteguieta; Icazurrieta; Iceta (vasco de las tierras de Aya, en Guipúzcoa); Idalsoaga; Idiazábal (vasco de la villa de su nombre, partido judicial de Tolosa, en Guipúzcoa. Una rama pasó a Navarra y otra a Aragón); Idígoras (de Oñati, partido judicial de Vergara, Guipúzcoa); Igartiburú; Igartúa (de Gatica, partido judicial de Bilbao, Vizcaya); Igueldo (de Rentería, partido Judicial de San Sebastián, Guipúzcoa); Iguzquiza; Ilabaca; Ilarregui (jurisconsulto vasco, de Navarra); Iligaray; Illarramendi (de Tolosa y de Aya, ambas de Guipúzcoa); Imbuluzqueta (de Navarra); Inchaurandieta; Inchausti (de Zamárraga, cerca de Oñate, Guipúzcoa); Inarra (Benigno Inarra Lizarralde, cura encargado del archivo de la Parroquía de San Miguel Arcángel, de la Villa de Oñate, Guipúzcoa, en 1982); Insunza (una rama se fue para Chile. Alfonso Insunza, abogado); Inurrigarro (vasco de Guipúzcoa); Inurzutegui; Iníguez (poco después del año 1000 gobernaba Guipúzcoa el conde Lope Iñíguez, señor que lo era también de Vizcaya y de Alava); Iparraguirre (la calle en la que viven nuestras primas Ayarza en Bilbao. José María Iparraguirre, el mejor literato vasco del siglo XIX, autor del poema "El Arbol de Guérnica", que fuera adoptado después como el antiguo himno vasco); Ipenarrieta (de Villareal de Urrechu. Se ve su escudo en la capilla del Convenio de Santa Ana, en Oñati, fundado en 1649 por Doña Ana de Ipenarrieta); Ipiña (de Ceánuri, Vizcaya. Una rama se fue para Chile); Iracheta; Iradier (Sebastián Iradier, músico, autor de "La Paloma"); Iragorry; Irala (Domingo de Irala, vasco, fue nombrado gobernador de los territorios del Plata por Carlos V); Iraola (de Placencia, Navarra. El padre Iraola en la década se 1950 estaba en San Miguel); Irarraga (de Azcoitia, partido judicial de Azpeitia, Guipúzcoa); Irarraín (de Tolosa, Guipúzcoa); Irarramendi (de Aya, partido judicial de Azpeitia, Guipúzcoa); Irarrázabal (vasco de Deva, partido judicial de Azpeitia, Guipúzcoa. Una rama pasó a Chile, donde el más distinguido fue Don Manuel José Irarrázabal, el de la Avenida que lleva ese nombre, el luchador por la Comuna Autónoma); Irazusta (Juan Antonio Irazusta, novelista de después de la Segunda Guerra Mundial, que escribió una novela cuyo personaje va a Argentina y retorna rico, pero envejecido y enfermo, no encontrando amor a su alrededor, sino sólo egoísmo)
2.- El Escudo de Armas
Un tercer elemento que caracteriza exteriormente a toda familia vasca -además del solar y el apellido- es el escudo de armas, llamado también blasón. Es una especie de reproducción gráfica del apellido, un dibujo característico que diferencia una familia de otra, y que se colocaba en lugar bien destacado a la entrada del solar. Es comprensible que haya sido así en una época bastante más simple intelectualmente que la actual: el lenguaje de los blasones (imágenes) era mucho más fácil de comprender y retener por el pueblo que la abstracción de las letras y los escritos.
Esta costumbre la iniciaron los visigodos, que en sus casas fortificadas pintaban y grababan sus escudos, costumbre que pasó después a los vascos, que los siguieron grabando, en particular después cuando estuvieron asociados a honores que se les iban concediendo honores por sus servicios heroicos en la reconquista del territorio nacional a los árabes, entre los años 714 y 1500, en que esto se acabó.
No está demás hacer notar que esto de blasones y escudos de armas no son antiguallas inútiles labradas para halagar el orgullo de los poderosos. Al contrario, son piedras miliares que marcan la ruta seguida por individuos de valor. Muestran sentimientos notables, como el religioso, el patriótico, el culto al hogar, el amor a la familia, a la tierra solariega, agregando el recuerdo de las heroicas hazañas de sus guerreros. En ellos se refleja, además, lo que era abundante en la región en aquella época, como las montañas de no mucha altura, que caracterizaban y caracterizan al País Vasco, en las que crecían, sobre todo, pinos y encinas y donde se escondían, entre los siglos VIII y XI, gran cantidad de lobos y jabalíes. Naturalmente que en sus escudos todo esto aparece con frecuencia. El árbol es el signo heráldico que más abunda. También se encuentran con frecuencia algunos animales como el lobo o el jabalí. Este último aparece en el blasón de los Elorza. Eran tantos los lobos en esos tiempos, que cuando había procesiones fuera del pueblo, lo que ocurría a menudo, como la que iba a Zumárraga, vecina de Oñate, eran colocados muchachotes para montar guardia y espantarlos, con el fin de evitar que se comieran al sacerdote y atacaran a los demás fieles devotos.
Los estragos que hacían los animales salvajes constituían también una pérdida económica fuerte, y para soslayarla, se acostumbraba a dar premios en especie a los labradores que trajeran pruebas de que habían matado un lobo, un oso pardo, un león, una serpiente, o un jabalí, porque estas fieras destruían el ganado. Esto, acaso, hizo que más de alguno que se distinguió como cazador de fieras, incluyera la imagen de uno de estos animales en su escudo familiar.
Llegó a ser tan grande y generalizado el entusiasmo por los torneos en el País Vasco en esos tiempos, que en uno que se celebró en gran forma -un Domingo de Carnaval en febrero de 1581- en Oñate cuando ya había sido fundada allí la Universidad, que entre los jueces de campo, estaba nada menos que su mismísimo rector, doctor Luis de Echazarreta. No fueron los vascos ciertamente los que inventaron los blasones, a pesar de que su importancia (de los vascos) era mucho mayor en aquellos siglos, que en los tiempos actuales. Sin embargo fueron ellos quienes impusieron la moda de los blasones, pese a que su origen está en Alemania. Ellos comenzaron a ser usados en las País Vasco en los siglos XI y XII, por consiguiente, mucho antes que en el resto de España y de Europa.
El escudo, que se colocaba al frente de los solares, tenía casi siempre alguna correspondencia con el apellido. Era, simplemente, otra manera de escribir éste. Y correspondía también con el nombre de la casa, o solar, por lo menos hasta el siglo XVI.
De aquí que los vascos, que acudieron en masa a las cruzadas tomando muy en serio aquello de los escudos de armas, y de los blasones, simplemente porque estaban acostumbrados a verlos en los frontispicios de sus casas solariegas; no solamente el color, sino también el resto de sus características.
III.- DESCUBRIMIENTO Y COLONIA
1.- La población
La población de España, al comienzo de la era cristiana, de acuerdo con el censo del Emperador Augusto (España se llamaba Provincia de Hispania), en el Imperio Romano, era de seis millones de habitantes. En tiempos de los Reyes Católicos, cuando se inicia el Descubrimiento y Colonia de América, era de nueve millones aproximadamente. Bajó luego con la emigración a América y con las pestes, por las que muere un tercio de la población de Europa, pues a fines del siglo XVII, era de sólo cinco millones. Al final del siglo XVIII, era de más o menos once millones y actualmente tiene más de 45 millones.
El primer censo realizado más o menos científicamente, fue el de 1768, llamado "Censo de Aranda". Después vino el del Conde de Floridablanca, mencionado anteriormente en relación con los hidalgos, complementado con otro de Hispanoamérica. Después, el "Censo de Godoy", en 1797, y así sucesivamente.
Los judíos en España, en 1290, eran 854.951.
Al pricipio, se calcula que la población de la humanidad, cuando estaba constituida por semisimios, ascendía a la suma de cien mil y la esperanza llegaba a 16 años de vida. De ésto hasta la llegada a los vascos al norte de España y sur de Francia, pasaron como cuatro millones de años. El "homo sapiens", de hace treinta mil a cincuenta mil años a esta parte, entierra a sus muertos y prohibe los casamientos consanguíneos. Por conveniencia social o religiosa, hay quien prefiera apagar del árbol genealógico sus primos más distantes: los simios. A mediados de 1987 nació el niño número cinco mil millones, y la humanidad sigue creciendo...
En la época de Cristo se estima que la población del mundo llegaba a los 300 millones, incluida en ella la China (con 73 millones); la India y Paquistán (con 50 millones); Japón actual (dos millones); y la del continente americano (tres millones). La mayoría de la humanidad estaba viviendo en el continente asiático.
En Iberoamérica, para dar un ejemplo de este explosivo crecimiento en el Nuevo Mundo, solo mencionaremos el caso de la ciudad de Sao Paulo, a cuya fundación se hizo mención al referirnos anteriormente a la villa de Aspeitia, donde nació San Ignacio de Loyola.
En 1871 esta ciudad tenía 26 mil habitantes. en esa misma época la población de Río de Janeiro era de 275 mil; la de Salvador, 129 mil; la de Recife, 116 mil; la de Belem, 62 mil; la de Niteroi, 48 mil; la de Porto Alegre, 44 mil; la de Fortaleza, 43 mil; Cuibá, 36 mil; Sao Luis, 32 mil. Ese año, Brasil tenía once millones y la provincia (Estado) de Sao Paulo, 837 mil (51 por ciento blancos).
En 1925, la ciudad de Sao Paulo alcanza ya los 600 mil habitantes; en 1934, esta misma ciudad llega a un millón y el Estado de Sao Paulo seis millones; en 1940 son 1.326.000 y el Estado, 7.180.000, de los cuales 4.732.000 eran analfabetos. Sao Paulo --la ciudad y el Estado-- siguen creciendo en forma exponencial: en 1945 son 1.435.000 y 7.890.000 habitantes; en 1950 la ciudad llega a los 2.200.000 y el Estado a 9.240.000; par tener, actualmente, el gran Sao Paulo (la ciudad y sus alrededores) 17 millones y el Estado 34 millones (1993). La población de Brasil supera en la actualidad los 155 millones de habitantes.
Al termino de los tiempos coloniales, según Barros Arana, Chile era indudablemente la colonia que, relativamente, tenía más población de raza blanca, más o menos un millón de personas. En Chile debe haber habido unos diez mil negros esclavos, casi en su totalidad destinados al servicio doméstico y objeto de lujo, porque Chile era pobre y no podía comprar mano de obra cara.
En Venezuela, por la misma época, sobre una población de 728 mil habitantes, 500 mil serían negros y mulatos (mezcla de negro con blanco). En Chile hay actualmente (1992) 0,02 por ciento de negros, casi todos extranjeros. Fueron desapareciendo, ahuyentados por el clima, principalmente En 1885, Chile tenía 2.527.000 habitantes, de los cuales 189 mil estaban en Santiago, 104 mil en Valparaíso. luego venían Concepción, Talca y Chillán, con más de veinte mil cada una. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas, en 1979 las principales ciudades chilenas tenían:
Santiago, 3.832.000 habitantes ; Viña del Mar, 277.000; Valparaíso, 271.000; Talcahuano, 220.000; Concepción, 206.000; Temuco, 195.000; y Antofagasta, 160.000. Actualmente (1992) la población de Santiago está sobre los cinco millones y la de Chile, supera los trece millones de habitantes.
Bibliografía:
"De los Vascos", Waldo Ayarza Elorza 1995
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