Extraido de http://www.apellidosfranceses.com.ar/inmigracion_francesa/inmigracion_al_rio.htm
La
presencia de los navegantes franceses en el extremo sur del
continente americano se confunde con la historia de las disputas
entre Francia, Inglaterra, Holanda y España por hacerse de
posesiones ultramarinas y controlar las rutas comerciales,
son las primeras afirmaciones que se leen en el link "Navegantes" en el sitio web de la
Embajada de Francia en Argentina.
En el mismo sitio se afirma: Menos importante
en cuanto a su volumen frente a la inmigración española o
italiana, la inmigración francesa tuvo una gran importancia por
el papel económico desempeñado. El período de mayor arribo de
inmigrantes franceses se sitúa entre 1857 y 1920, en ese lapso
llegaron 220.000 franceses a la Argentina, de los cuales
retornaron 120.000. La mayor cantidad de arribos se verificaron
en el segundo quinquenio de la década de 1880.
Según escribe Alberto
Sarramone en el
libro "Los Abuelos Bearneses y Gascones" Francia fue el
país europeo que menos emigrantes tuvo, siendo uno de los
factores causantes de este fenómeno el déficit poblacional
generado por las guerras revolucionarias que, según
estimaciones, causaron la desaparición de 13 millones de
franceses.
Los franceses tuvieron inicialmente un ingreso numeroso que fue
disminuyendo a partir 1890. Diversos estudios sobre inmigración
francesa individualizan grupos como los vascos y
bearneses (de los Bajos Pirineos) y los bigourdanos
(de los Altos Pirineos),y por otro lado los pobladores de la zona
de Rhône y los saboyanos ( de Savoie y Haute-Savoie ) y los aveyroneses
(del departamento de Aveyron, Nº 12, en Midi Pyrèneès). Otros
grupos minoritarios de franceses provenían generalmente de las
ciudades cercanas a París.
En el libro: "Uruguay en el corazón de los franceses"
de Jacques-André
DUPREY (·),
y en la página L'emigration
franco pyreneenne en Uruguay 1825-1875 de Lionel Dupont se describen tres etapas
en la inmigración pirenaica hacia el Río de La Plata.
La primera que comienza con la declaración de
la independencia de Argentina, Uruguay y se extiende hasta 1837.
Los inconvenientes devenidos al asumir Rosas al poder y la
política inmigracionista puesta en práctica por el presidente
uruguayo Rivera, dieron origen a la segunda,
llamada por Dupont "tiempo de los franceses" que
comienza hacia 1837 y se caracteriza por la entrada de los
franceses al puerto de Montevideo. En Argentina, muchos de los
descendientes de franceses que viven en el país, tienen
evidencia de que sus antepasados vivieron en un primer momento en
el Uruguay.
Hay que tener en cuenta también que el l puerto de Montevideo es
un puerto natural, mientras que el de Buenos Aires solo adquirió
importancia a partir de las obras impulsadas por E. Madero.
La tercera etapa comienza en 1852, cuando el
puerto de Buenos Aires se convierte en el puerto por excelencia
en el Río de La Plata. El flujo de inmigrantes franceses
oscilaba entre uno y otro puerto, a veces, debido a las
condiciones climáticas.
Dupont también explica que los estudios sobre la emigración
franco-pirenaica en Uruguay y Argentina pusieron en evidencia la
importancia la propaganda desarrolladas por las agencias de
emigración. Son múltiples las causales del fenómeno
inmigratorio: las hambrunas, la deserción del servicio militar,
etc. A esto se suma la posición geográfica de los Bajos
Pirineos y su apertura sobre el Océano Atlántico, con las
facilidades para el embarque que esto implicaba, tanto en Bayone
como en otros puertos de la costa francesa y española. A este
respecto, se observa el mismo fenómeno en los siglos XVII y
XVIII, siendo el origen geográfico de los primeros emigrantes
franceses en Río del Plata: Provençaux, Rochelais, Nantais o
Malouins.
Existe una razón que se aplica exclusivamente a los inmigrantes
de origen vasco-francés: el asentamiento español de Río del
Plata estuvo dominado por los vascos-españoles. Por eso, la
posibilidad de encontrar in situ a una comunidad étnica,
hablando una misma lengua y compartiendo los mismos hábitos,
contribuyó ampliamente al asentamiento de los Vascos franceses,
en Argentina, Uruguay y Chile a partir de 1825. En este último
país, según el trabajo La
inmigración francesa en Chile ocurrió algo similar, los grupos franceses que
emigraron hacia ese país, son mayoritariamente vascos y
bearneses.
Ver Colonias francesas en Argentina
(·) Citado por Alberto Sarramone en "Los abuelos Bearneses y Gascones".
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Menos importante en cuanto a su volumen frente a la inmigración española o italiana, la inmigración francesa constituyó, sin embargo, un aporte fundamental por el papel económico desempeñado. Los franceses que arribaron al país se distinguían en relación a otras corrientes migratorias por disponer a menudo de calificación profesional, cierto grado de instrucción y a veces capital. No sorprende entonces hallarlos entre los propulsores de iniciativas que contribuyeron enormemente con el proceso de modernización de la Argentina.
En el período de mayor inmigración entre 1857 y 1920 llegaron 220.000 franceses a la Argentina, de los cuales retornaron 120.000. La mayor cantidad de arribos se verificaron en el segundo quinquenio de la década de 1880.
Las razones que explican este fenómeno son las mismas que se aplican a otros contingentes migratorios europeos que también afrontaron el duro desafío de mejorar sus destinos lejos de su tierra natal. Los comparativamente mejores salarios ofrecidos en un país poco poblado como la Argentina y ciertas posibilidades de acceso a la tierra hacían del Río de la Plata un destino particularmente atractivo para muchos franceses. A ello se suma una deliberada política de las clases dirigentes argentinas tendiente a abrir las puertas del país a todos los que deseaban habitar el territorio sin restricciones jurídicas, étnicas, profesionales o religiosas.
Provenían mayoritariamente de las ciudades cercanas a París y sobre todo de las regiones rurales del sudoeste: el país vasco, el Béarn y el Aveyron... Generalmente salían por Burdeos para América del Sur.
Testimonio de la partida en barco
"En este momento el navío ofrecía un espectáculo de lo más curioso : el puente se hallaba atestado de valijas y paquetes de todas formas y dimensiones ; era un continuo ir y venir, una incesante agitación ; explicaciones por un lado, reclamos por otro, conversiones en francés, en vasco, en bearnés, en español, en fin una verdadera torre de Babel. (...) Cuando el barco empieza a desplazarse, en la costa se vieron numerosos pañuelos ; eran los parientes y amigos de los viajeros que les deseaban un buen viaje. A bordo la alegría se pinta en todos los rostros ; las riberas del río resuenan con loas cantos de los viajeros. (..) Se diría que abandonan con gusto sus pueblos de orígen, para ir a las regiones de las montañas de oro que en sus sueños entrevieran y que quizá deparen a muchos crueles decepciones..."
(Extracto del libro Viaje por las pampas de H. Armaignac, Tours, 1883, ed. arg. BsAs, pags 43).
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